Entrevistas

Colegios toman la iniciativa y regulan el contacto entre profesores y padres por WhatsApp

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Por Fundación Infancia y Cultura


8 de Febrero de 2021

“Me contactan constantemente, incluso fines de semana y en la noche. Quieren saber sobre las tareas, la prueba de la próxima semana, materiales, de todo”, cuenta Ignacia, profesora de un colegio particular pagado del sector oriente de Santiago, al recordar cómo los apoderados de sus alumnos transgreden las vías de comunicación oficiales del colegio y se consiguen su celular privado para mandarle mensajes por WhatsApp.

 

No es algo aislado: Cristina, educadora de párvulos de otro colegio de la zona, ha recibido mensajes de papás preguntando si sus hijos lloran durante el día. En una ocasión, una mamá le escribió para preguntar si podía nombrarle las cosas que su hijo había comido en el almuerzo.

 

Este tipo de interacciones complican a los profesores, que buscan mantener una buena relación con los apoderados, pero que al mismo tiempo tienen que dejar claro que hay vías de comunicación menos invasivas.

 

“La mayoría de las veces intento ignorarlos, otras veces les digo que el medio oficial de comunicación es la libreta. Pero es complejo lidiar con la situación; los alumnos más grandes a veces se consiguen tu número y te mandan whatsapps para preguntar cosas. A ellos los ignoro tajantemente”, cuenta Dominga, quien enseña en un colegio subvencionado de Lampa.

 

El fenómeno es un problema que traspasa fronteras. En Alemania, estados como Hesse, Baja Sajonia y Baviera han discutido la posibilidad de hacer un reglamento federal sobre el uso de chats entre profesores y apoderados. En Chile, si bien el Ministerio de Educación establece que el medio oficial de comunicación entre apoderados y el colegio siempre debe ser la libreta, no existe ningún tipo de protocolo respecto de otros métodos de contacto, como los correos o mensajes de WhatsApp.

 

Ante la falta de regulación, los colegios han resuelto el tema con protocolos internos.

 

“Hay padres que se enojan si no les contestan los mensajes inmediatamente, siendo que los mandan hasta a las 12:00 de la noche, y hemos tenido que mediar en conflictos”, dice Annemarie Hartwig, directora del colegio Trebulco School. “Por eso hace cinco años establecimos la regla de que está tajantemente prohibido comunicarse por WhatsApp, tanto con apoderados como con estudiantes”, aclara.

 

La única excepción que el colegio aplica es durante los viajes de estudios, porque los profesores envían un reporte diario a los papás.

 

“Muchas veces hay un uso irresponsable. Porque puede que el WhatsApp sea útil para información general, temas que no involucren hablar o tratar una temática en particular, pero de pronto uno detecta que hay ciertas situaciones entre apoderados, o exposiciones diciendo que un niño le pegó a otro. Entonces como colegio consideramos que se hacía necesario dar ciertas orientaciones”, explica Andrea Correa, psicopedagoga y rectora del colegio Pumahue de Chicureo.

 

Actualmente, gracias a una circular que se les hace llegar a todos, los papás de este establecimiento saben que comunicarse con los profesores a través de esta vía está prohibido.

 

“Si la profesora tiene que coordinar un tema puntual con los apoderados, tendrá que ser a través de una reunión o correo formal”, agrega.

 

Lo mismo ocurre en el colegio de Cristina. “Desde hace tres años, a principio del semestre comunicamos que, como política institucional, los profesores no estamos autorizados para dar nuestro celular. Si los papás insisten, les explicamos que esto no se considera una vía de comunicación oficial, porque la información se puede distorsionar o borrar, por lo que no cuenta como respaldo confiable si lo que se discute pasa a ser un problema más grave”.

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Tanto docentes como directores creen que este problema digital es síntoma de uno más grande, que se desarrolla hace varios años: la excesiva intromisión de los padres en la educación de sus hijos.

 

“Cada vez más, los padres quieren tener el control sobre la educación de los niños, pero sin asumir la responsabilidad de educarlos”, dice Hartwig. En su opinión, el acelerado ritmo de la vida moderna lleva a los papás a asumir una actitud controladora, para así sentir que están más presentes en la crianza.

 

“Se sienten culpables por no dedicarles más tiempo. Manteniendo el control vía WhatsApp, sienten que están más presentes”, dice.

 

“No siempre se entiende que (cuando se mandan los mensajes) el profesor puede estar haciendo clases. Muchas veces, si no damos directrices claras, podría el papá molestarse porque no le respondieron. Pero el profesor no puede descuidar su clase”, indica Correa. “Además hay todo un tema de privacidad de por medio”.

 

Si bien las comunicaciones por WhatsApp son encriptadas, “es muy fácil vulnerar el principio de la privacidad cuando hay dispositivos o usuarios despreocupados de la seguridad, pudiendo generar fugas muy peligrosas de datos que en manos equivocadas pueden llevar a tener más de un inconveniente”, plantea Fernando Fajardo, director de Tecnologías de la U. Autónoma de Chile y presidente de Edutic, una asociación de profesionales enfocados en fomentar el buen uso de la tecnología en educación.

 

Además -continúa-, el efecto amplificador de este tipo de comunicaciones no es menor. “La comunicación por texto o por voz en WhatsApp suele ser fácilmente sacada de contexto, lo que potencia la amplificación casi instantánea de malentendidos o expresiones que llevan a significados equívocos”.

Autor: Margherita Cordano y Benjamín Cruz – El Mercurio (2019). Artículo rescatado en Economía y Negocios